San Enrique de Ossó
Vida
Enrique Antonio de Ossó y Cervelló nació en Vinebre (Tarragona, España), el 15 de octubre de 1840, dirá su madre, aunque en la partida de nacimiento saldrá que fue el 16 (una pequeña coincidencia con Teresa). Hijo de Don Jaime de Ossó y Catalá y Doña Micaela Cervelló Jové; labradores con una posición estable. La influencia de su familia en la vida de Enrique será decisiva, él tuvo “buenos padres, piadosa madre, santos abuelos”. Sus hermanos eran Jaime (el mayor) y Dolores (la del medio) y Enrique (el más pequeño).
Su Padre
Enrique dirá de su padre que era un hombre honesto y luchador, carácter tenaz, bueno y trabajador, eso sí bastante autoritario y un poco cabezón, amigo del negocio. Quería algo distinto para sus hijos. Sabemos que su Don Jaime soñaba con que su hijo fuera Comerciante y hará todo lo posible para que se desempeñe como tal. De allí le viene a Enrique esa gracia especial de saber negociar por Jesús, apostar todo por él, heredó un sexto sentido para buscar -el mejor de los sentidos-, eficacia, resultados, uso inteligente de los recursos, esplendidez para invertir en lo que rinde.
Su Madre
Micaela en cambio era una mujer dulce de hondo sentido cristiano, con bastante capacidad de ternura, entrañable en sus modos y en sus palabras, cercana, amorosa, con gran fascinación por Dios, buscando en todo la voluntad y el Reino. Dirá: “Mi madre era una mujer piadosa, quería siempre que leyese libros buenos, yo lloraba lágrima viva cuando leía. A mi madre, ¡Tan buena!, sólo la contradecía cuando me insistía una y otra vez diciendo: Hijo mío, Enrique, hazte sacerdote. Qué alegría me darías. Yo le decía: No quiero, quiero ser maestro. ¡Cómo lo recuerdo ahora! Siempre le decía lo mismo.»
Su Abuelo
Una figura importante en la vida de Enrique será su abuelo materno Don Antonio Cervelló, quien influirá en la infancia y adolescencia de Enrique. Por él será su segundo nombre. Enrique y su abuelo eran muy unidos, él lo recordará siempre con mucho cariño y hablará a menudo de sus enseñanzas y ejemplos. A los 7 u 8 años Enrique dejó de jugar para ir detrás del Santísimo para llevarlo a un enfermo, su abuelo se alegró mucho. Era su ahijado y pasaba muchos ratos con el niño contándole cosas “santas” allá en el zaguán de la casa a las horas de la tarde, o paseaban por los caminos hacia el río y la huerta. Dirá más tarde: El abuelo Antonio era un santo. Dirigía siempre el Rosario de la Aurora, del que había gran devoción en mi pueblo. Recuerdo su cara apacible, de predestinado: calvo, ojos tiernos… anciano venerable, con una fe de Abraham.
Infancia
Su infancia fue en un ambiente de paz y ternura en una familia cristiana donde había mucho amor. En Vinebre vivió hasta los once años. Comenzó a asistir a la escuela seguramente después de haber ido muchas veces a la Iglesia, y luego al catecismo parroquial. Él mismo dice que «era muy aficionado a las cosas de Iglesia, a ayudar a Misa y, sobre todo, a ayudar en el coro». Recuerda con especial cariño a su maestro Francisco Freixas, “El maestro me quería mucho”.
Adolescente
Así iba acercándose a la adolescencia y había que pensar en el futuro. Para su padre Enrique era muy inteligente y quería que se dedicara al igual que Jaime; el hermano mayor al comercio. Su madre también tenía planes para Enrique: «Hijo mío, Enrique, hazte sacerdote ¡Que gusto me darías!», le repetía muchas veces. «No quiero, quiero ser maestro», contestaba Enrique. Su padre planificó todo, enviaría a Jaime a Barcelona, Enrique iría a Quinto de Ebro, en Zaragoza, con su tío Juan. A sus 11 años parte Enrique con el corazón triste pero con la claridad de obedecer a su padre. Estando allá se enferma.
Luego de una enfermedad, que lo mantuvo al borde de la muerte y que lo llevó a recibir los
sacramentos como preparación al encuentro con el Señor; se recupera milagrosamente atribuyéndole a la Virgen del Pilar el milagro. Su madre lo manda a regresar, fue un verano especial para Enrique. Pero Don Enrique seguía con la idea: “Quiero que sea comerciante”. Y lo manda a Reus pasadas las navidades, trabajará de dependiente en un buen local. Allí Enrique a sus 12 años trabajará con mucha firmeza, y maduraría más de lo pensaban sus padres. En ese tiempo conoció las obras de Teresa. Más tarde escribirá sobre Reus: “Me junté con jóvenes mayores que yo y de aquí vino mucho daño a mi alma”. Pero un fuerte acontecimiento cambiará su rumbo.
Su entrega
En 1854, en medio de una epidemia de cólera, la madre de Enrique, Micaela, enferma gravemente. En sus últimos momentos, ella le reitera su mayor deseo: que él se convierta en sacerdote. Tras su muerte el 15 de septiembre, Enrique transforma ese «día amargo» en una decisión firme, sintiendo que el anhelo de su madre ha echado raíces en su propio corazón.
Ante la negativa de su padre de permitirle seguir la vida religiosa, Enrique —con solo 14 años— decide actuar. Aprovecha un momento de luto familiar para partir a pie hacia el monasterio de Montserrat. Se marcha sin dinero, impulsado únicamente por su fe, dejando una carta a su padre donde explica que el servicio a Dios motiva su partida.
El viaje es una prueba de su determinación:
- Sufre una sed terrible durante el trayecto.
- Muestra su generosidad al regalar su ropa a otro joven que encuentra en el camino.
- Al llegar a Montserrat, su humildad es tal que los frailes lo confunden con un mendigo, aunque se asombran por su intensa devoción ante la Virgen.
Aunque su hermano mayor, Jaime, va a buscarlo para llevarlo de vuelta, el resultado no es un fracaso. Jaime comprende que la voluntad de su madre fallecida ha triunfado y le promete: «Serás sacerdote, yo te ayudaré». El relato cierra con la aceptación familiar de su destino religioso.
Sacerdote
Aquel mismo año 1854 empieza sus estudios en el seminario para ser sacerdote diocesano, en el colegio de San Matías. Le fue muy bien y era querido por todos. Un detalle en este tiempo por 1857 o más se comienza a vivir diversos atropellos contra la iglesia, pero Enrique equilibrado y metódico, sigue adelante. Forma una asociación de seminarias “Conferencia de San Vicente de Paúl”. Un voluntariado. En las vacaciones trabaja con los niños de Vinebre organizando catequesis. En el verano de 1860 comienza a frecuentar el “Desierto de las Palmas” en Benicasim, una casa que tenían allí los padres Carmelitas. Descubre la ermita de Santa Teresa y empezó a sentir vocación contemplativa en medio de todas sus actividades. Desde 1860 va a estudiar al seminario de Barcelona y luego continúa
en Tortosa.
El 21 de septiembre de 1867 es ordenado como sacerdote, pero dará su primera misa el 06 de octubre, aunque su deseo era que fue el día de la santa de su corazón. Escribirá más tarde con emoción, evocando recuerdos: “sólo un vacío notaba: la presencia visible, corporal, de mi buena madre de este mundo… pero al entreabrirse los cielos para bajar por primera vez a mis manos el Hijo de María, asomándose por las puertas mis buenas madres, María Inmaculada y Micaela, y se gozaron conmigo… siempre he guardado en mi corazón tan dulce recuerdo”. Se cerraba un largo capítulo en su vida y se cerraba en su querida montaña, donde ofició su primera misa. Ahora se abría el camino del Sacerdote. Siempre recordará: “A los pies de mi querida madre hallé mi vocación, me guió ella, decidí: Seré siempre de Jesús, su ministro, su apóstol, su misionero de paz y amor.”
Camino
EL IMPULSO DE LA CATEQUESIS- Tras el cierre de su seminario por la Revolución de 1868, Enrique se refugia en la oración y la lectura. A su regreso a Tortosa, revoluciona la enseñanza cristiana:
- Llena las plazas de niños con sus famosas consignas: «Viva Jesús» y «Todo por Jesús».
- Escribe la Guía práctica del catequista, sentando las bases de su método educativo.
EL NACIMIENTO DEL TERESIANISMO – En 1872, Enrique vive una experiencia espiritual que lo une definitivamente a la figura de Santa Teresa. Desde ese momento, su vida y obra se vuelven «teresianas»:
- Lanza la Revista Teresiana para difundir el espíritu de la santa.
- Empieza a soñar con «batallones» de personas que vivan al estilo de Teresa.
APOSTOLADO CON LA MUJER Y LA JUVENTUD- Enrique identifica que la mujer es el motor del cambio social («el mundo es lo que las mujeres hacen»). A pesar de ser tildado de «loco», funda:
- La Archicofradía de María Inmaculada y Teresa de Jesús (1873): Iniciada con solo 7 jóvenes, buscaba cristianas auténticas en sus propios ambientes.
- El Rebañito del Niño Jesús: Enfocado en los más pequeños.
- Hermandad Josefina: Ampliando su red de comunidades laicas.
FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE SANTA TERESA DE JESÚS
En abril de 1876, recibe la inspiración divina para fundar una congregación religiosa. El 23 de junio, junto a ocho fundadoras decididas, nace la Compañía de Santa Teresa de Jesús, dedicada a la entrega total a Dios y a los hermanos a través de la educación.
La Prueba de la Cruz y la Justicia
A partir de 1879, Enrique enfrenta su periodo más amargo. Sus propios amigos y comunidades se vuelven en su contra debido a conflictos legales por terrenos y colegios:
- Es acusado injustamente por la ocupación de un colegio.
- A pesar del dolor, Enrique elige el silencio, la oración y la espera, no por terquedad, sino por
defender la justicia de su obra. - Su lema ante la adversidad: «Callad, orad, esperad, esta tribulación ha de ser para gran gloria de Dios».
Su Muerte
El pleito continuó toda su vida, pero también siguió creciendo cada una de sus fundaciones. Enrique ha perdido fuerzas y decide hacer ejercicios en Santo Espíritu, en Gilet, Valencia. Y allá se marcha pasa ocho días en completo retiro y su corazón rebosa de Dios. Mirando las estrellas, la luna y las sombras azuladas, junto a un fraile dice: “Hermano, ¿se da cuenta qué hermoso es el cielo? Y esto es sólo lo que pueden ver nuestros ojos, aquí y ahora… ¿Qué será cuando lo poseamos, cuando veamos a Dios?”. En su celda alejado de la comunidad, Enrique comienza a sentirse enfermo. Era la noche del 27 de enero de 1896. Todos dormían. Es medianoche, unos golpes secos en la puerta, extraño. Sale uno de los hermanos y encuentra a Don Enrique desplomado en las escaleras. Y no sabemos mucho más.
Legado
Llegó a todos en su misión apostólica niños: Amigos de Jesús, Jóvenes MTA, Hermanas… fue periodista catequista, escritor. Es el apóstol teresiano más grande de todos los tiempos. Un mundo que lea a Teresa de Jesús no puede ser más que un mundo de santos.
- Realza el valor de la mujer.
- Ideas fundamentales, actualizadas de liderazgo y trabajo en equipo como por ejemplo: Entrar con la suya y salir con la nuestra, Aportar el talento personal. No es cuestión de cantidad sino de calidad.
- “Donde reina el Espíritu de Dios fácil cosa es ordenar, organizar y obrar prodigios; donde éste falte, es inútil y perjudicial el afanarse.”
- El arquitecto de toda obra o proyecto es Jesús que “si no edifica la casa, en vano se cansan los que la construyen”.
- Cambiadas las circunstancias, debe cambiarse la norma de conducta. A tiempos nuevos, formas nuevas, tácticas nuevas.
- Más que sentarnos a llorar, buscar medios prácticos para avivar la fe y los intereses de Jesús.
- Elección de buenas cabezas “Si el motor es inmóvil o imprime mal el movimiento, no marchará bien la máquina. Los motores deben ser los que acertadamente impriman el movimiento a las fuerzas o agentes” (Unos tienen la mirada, otros hacen de motor y a nosotros se nos pide que seamos corazón).
- Si los que somos instrumentos y medios para comunicar esta vida de Cristo no la tenemos porque no oramos, comunicamos sólo palabras huecas. Sin la oración, abandonados a nuestras fuerzas y esfuerzos.
Frases y Máximas
«Un buen libro es el mejor consejero, amigo, maestro y corrector.»
«Nada se alcanza sin trabajo, y ninguna virtud se perfecciona sin él.»
«Pensar, sentir, amar como Cristo Jesús.»
«Todo por Jesús.»
«Educar a una mujer es educar una familia.»





